Señor mío, Nazareno,
cuanto más te miro, más te quiero,
porque más y más entra en mi alma
tu imagen dolorida y humillada.
Me impresiona tu aspecto masacrado,
tu rostro dolorido, ensangrentado.
Y lloro al pensar que así te pusimos entre todos.
Quisiera ir besando tus heridas,
quitando las espinas de tus sienes y
limpiando tu cara de sangre y suciedad.
Sé que todo esto lo puedo realizar,
si lo hago con los que sufren como Tú.
Quisiera ser Verónica con los que, por la vida,
van llenos de miseria y de dolores
porque ello es una forma de serlo Contigo.
Y quisiera ser, también tu Cirineo
porque tu Cruz, que tanto me impresiona,
también es la mía
y la de muchos que viven junto a mí.
Si les ayudo a llevarla,
sé que es a Ti a quien ayudo.
Me impresiona tu sangre, Nazareno,
brotando a chorros de todo cuerpo malherido
y que sirvió para regenerarnos y nos hizo "nuevos".
Hoy, te pido que esa sangre divina que derramas,
me embriague de tu Amor
y que lleno de ese Amor,
aprenda a vivir tu invitación:
Seguirte con mi cruz
y hacerme Nazareno.
Amén.
Mons. D. Francisco Cerro Chaves
Obispo de Coria-Cáceres
20 de septiembre de 2009